Escudo del Conselho de Sober

CEHIS - Centro de Estudios Históricos de Sober

Legajos relativos a las obras del santuario de Cadeiras en Pinol

Archivo: Diocesano de Lugo

Subarchivo: Pleitos civiles

Fecha: 1795

Parroquia: San Vicente de Pinol

Tipo de documento: Expediente administrativo

Palabras clave: milagros, santuario, limosnas

Descripcion/sinopsis:

D. Juan Manuel Moure y Guerra, cura párroco de la iglesia de Pinol, solicita del obispo de Lugo permiso para recaudar limosnas en las feligresías de su entorno, con el objeto de impulsar las obras del santuario de Nuestra Señora de Cadeiras.

Nota: Por razones de copyright, las fotografías del documento original han sido retiradas, siguiendo las indicaciones del Archivo Diocesano de Lugo.

Transcripción:Versión PDFpdf

1794-08-22 Carta enviada por el cura de Pinol a las siguientes feligresías:

Villamarín, Rozabales, Vilachá, Piñares, Pinel, Castroncelos, Salcedo, Lamaiglesia, Puebla, Castrosante, Saa, Barreiros, Ferreiruá, Beiga, Santalla, Pino, Canedo, Outara, Villasoto, Laiosa, Freituje, Mosteiro, Guntín, Bóveda, San Cristóbal, Ribas, Parte, Fornelas, Cereija, Chavaga, Sindrán, Bascos, Reigada, Ribas Altas, Caneda, Santa Mariña, Penela, Nocedas, Gullade, Guntín y a esta

Pinol, agosto 22 de 1794

Para los señores abades, sus tenientes, sacerdotes, capellanes, patrimoniales y sus feligreses, salud y plenitud de gracia en Jesucristo, Nuestro Señor.

Participo a Vuestras mercedes haberse hallado en el monte de Cadeiras de esta feligresía ha tiempo inmemorial una venerable y hermosa imagen de Nuestra Señora en el cóncavo de tres grandes peñascos que le servían de templo, a la que la piedad de los fieles procuró hacer una muy reducida capilla en el mismo sitio, que con la inclemencia y decurso del tiempo se arruinó, y aumentándose la piedad de aquellos le hizo otra a similitud de iglesia rural, de piedra de sillería, que no pudo vencer aún de este modo el mucho curso e inclemencias de tiempos, por lo cual, favorecidos los fieles con la continua experiencia de favores, prodigios y milagros en todas necesidades, dieron forma en el año pasado de mil setecientos sesenta y ocho a nueva construcción de igual magnitud, forma y disposición del más magnífico santuario, en cuya capilla mayor y delineamiento cimental se invirtieron más de treinta mil reales, sin poder conseguir hasta ahora la custodia de tan sagrada imagen, sin embargo la continuación de la obra de seis meses con diez oficiales en este año, para cuya prosecución y conclusión no alcanzan doscientos mil reales, sin posición de cosa alguna superflua, lo que atendido, y consideradas mis pocas fuerzas y las de sus inmediatos devotos y afectos, me es forzoso extender el privilegio petitorio más de lo acostumbrado a vuestras fraternidades y suplicarles humilde y encarecidamente se dignen inclinar la atención de su piadoso corazón a esta tan urgente y patente necesidad, subviniéndola con lo que a cada cual insinúe su piedad, muy seguros del retorno universal de favores, clemencias y piedades de su Divino Prototipo y de la participación de todos los sacrificios que semanariamente (en el sábado) se celebran delante su bendita imagen y de las muchas novenas que en el año, y para conseguir varios e indecibles beneficios, le hacen los fieles con feliz logro de sus humildes peticiones en todo genero de necesidades comunes y particulares.

Así lo espero de la piedad de todas Vuestras mercedes, a quienes, reverente, beso la mano y les desea muy perfecta salud este más indigno capellán. Firma: Juan Manuel Moure y Guerra.

[En el expediente se recoge a continuación el visto bueno de numerosos curas para la petición de limosna en sus respectivas parroquias]

1795-08-18 Carta del cura de Pinol al obispo de Lugo:

Pinol y agosto 18 de 1795

Mis más venerados señores, de mi mayor respeto y estimación, doy a todas vuestras mercedes las más humildes, reverentes y afectuosas gracias en el Señor por su conocido y piadoso favor a la subvención y ayuda de esta obra de nuestra Universal Protectora, que por la frontera está cerca de la cornisa, con el costo de 13.000 reales, el año pasado con once oficiales en este solo andan siete, mantenidos a expensas de estos pobres y devotos feligreses, por no ver un real en depósito; por lo mismo y con facultad de pedir limosna a este fin, por los ilustrísimos señores Izquierdo, Buruaga y Armaña, por los arcipestazos de Amandi, Monforte, Moreda, Sabiñao y Puebla de Brollón, y por el actual ilustrísimo permitida, con precepto de su prosecución con libro de cuentas de lo recogido y expendido, anualmente visitado, recurro segunda vez a la conocida piedad de vuestras mercedes y sus devotos feligreses asegurándolos de colmada retribución en el respecto espiritual y temporal, y reverte besa a su merced la mano este indigno capellán, afectuso servidor. Firma: Juan Manuel Moure y Guerra.

1795-08-25 Carta del cura de Pinol al obispo de Lugo:

Pinol, agosto 25 de 1795

Ilustrísimo Señor:

Atento V.S.I. me dijo trabajase en la obra de la Capilla de Cadeiras en esta de Pinol, y de ello avisase a V.S.I., hágolo ahora asegurando que en la prosecución de aquella el año pasado próximo hay invertidos más de diez y seis mil reales, de cuya cantidad se hallaba alguna en depósito y la otra se recogió, parte en piadosas limosnas en este arciprestazgo y en el de Santa Eulalia de Rey, adonde se extendió mi atrevimiento, fiado en la benevolencia y especial afecto que debo a V.S.I., y en atención a que antes de ahora los Ilustrísimos Señores Buruaga y Armañá, con menos necesidad que la actual, la habían concedido para el mismo fin, movidos ciertamente de un efecto de su piadosa inclinación a esta milagrosa imagen. Y hallándose en la actualidad su obra a la cornisa de la frontera y no haber un real con qué satisfacer a los oficiales (que de limosna sostenemos su mantenimiento yo y estos pobres feligreses de V.S.I.), con el más rendido encarecimiento a V.S.I., suplico se digne conceder licencia para la demanda de piadosa y devota limosna de los Arciprestazgos de Amandi, Monforte, Saviñao y Santa Eulalia de Rey, por el tiempo y en términos que más sean del agrado de V.S.I., cuyos pies humilde y reverente besa este afectísimo servidor y capellán de V.S.I. Firma: Juan Manuel Moure y Guerra.

1795-08-26 Contestación del obispo de Lugo:

Parroquia de Castelo, 26 de agosto de 1795

Concedemos la facultad que se solicita para pedir limosna en los Arciprestazgos de Amandi, Monforte, Saviñao y Santa Eulalia del Rey, para el fin que se expresa en este memorial hasta nuestra futura visita, o visitador en nuestro nombre. Firma: Felipe, Obispo de Lugo; ante mí, D. Manuel de Prada Cascos.

1795-09-08 Decreto del obispo de Lugo:

Diomonde, 8 de septiembre de 1795

El párroco de Pinol informe a continuación de los documentos y razones que tiene acerca de la aparición de una imagen de Nuestra Señora en el Monte de Cadeiras, y entretanto se abstenga de publicar semejante aparición ni otros milagros, tanto por escrito como de palabra. Lo decreto así y mando al párroco de Anllo se lo haga saber, para que por su mano se devuelva la respuesta con la vereda que antecede. Firma: Felipe, Obispo de Lugo; ante mí, D. Manuel de Prada Cascos.

1795-12-15 Contestación del cura de Pinol:

Ilustrísimo Señor:

En humilde obedecimiento de lo que V.S.I. me preceptúa, debo decir, afirmar, asegurar y, siendo necesario, jurar in verbo sacerdotis, que aunque no se hallan documentos por escrito que testifiquen lo que en la antecedente vereda aseguro, es notoria, constante y continuada la tradición derivada de siglo en siglo de todo lo en aquella expresado y de que más individualmente espero cerciorar a V.S.I., que es cuanto por ahora en este asunto puedo decir y por verdad firmar, como lo hago en esta rectoral, a quince de diciembre de mil setecientos y noventa y cinco. Firma: Juan Manuel Moure y Guerra.

Informe del cura de Pinol sobre los milagros de la Virgen de Cadeiras:

Respuesta e informe al Ilustrísimo Señor Obispo de este obispado don Felipe Peláez Caunedo, del Consejo de Su Majestad.

Para satisfacer a V.S.I. en lo que me manda en el antecedente decreto, me informé de don Juan Díaz Pumar, don Josef Rodríguez, don Juan y don Tomás Carnero, don Cayetano González y don Josef Rodríguez Algueira, presbíteros; de Juan Fernández, Benito Díaz, Jacinto Guedella, Manuel Guedella, Pedro Carnero, don Josef Díaz, don Juan Díaz, Pedro Álvarez, Juan Antonio Rodríguez Somoza, don Bernardo Losada, Andrés Rodríguez, Manuel Álvarez, Domingo Rodríguez, Josef Fernández y Manuel Fernández, hombres de avanzada edad, de sana conducta y de timorata conciencia, vecinos de ésta de Pinol, San Pedro de Bulso y San Jorge de Santiorxo, y de otras innumerables personas feligreses de las sobredichas y de las de su circunferencia, de estado eclesiástico y secular, y entre ellas es tenido y habido por cierto por haberlo oído estas a sus padres, y estos a sus abuelos y estos a sus bisabuelos, y estos a sus tatarabuelos, sin que jamás se supiese ni hubiese oído lo contrario a que la Virgen de Nuestra Señora de los Ángeles de Cadeiras fue hallada y aparecida en el Monte del mismo nombre por unos pastores de ganado lanar, y en la concavidad de tres peñascos que la servían de templo y resguardaban la imagen de toda inclemencia temporal, y hoy se reconocen y retienen el nombre de La Ventana Madre, y noticiosos los vecinos de esta feligresía por los dichos pastores trajeron la bendita imagen con la debida reverencia a la parroquial, y aunque esta diligencia se repitió por segunda y tercera vez, aseguran muchos de aquellos se volvió la santa imagen otras tantas veces al mismo sitio de su primera invención y aparición (es verosímil fuese después de la invasión sarracena). Y conociendo por el mismo hecho, sería gusto y voluntad de su Santísimo Prototipo, la Soberana Reina de los Ángeles, le hicieren y construyesen allí o en su inmediación alguna capilla, determinaron y tuvieron por bien construirla, la que de facto tuvo efecto y aun en el día se reconocen sus primeros vestigios y cimientos, a la que, aunque muy reducida, y por la reciente noticia de su aparición o invención, comenzó a concurrir, con piedad y afecto celoso, religioso y católico, mucho número de gentes de las inmediaciones, y extendiéndose de estas a las lejanas hasta el Reino de Portugal, de todas las cuales anualmente y por su festividad de septiembre concurrirían sin cuento por los especiales beneficios, maravillas, socorro, alivio y distinguidos favores que cada día experimentaban y recibían más y más los piadosos concurrentes. Y siendo y aumentándose cada día más y más, y habiéndose pasado número de años (no se sabe si sería un siglo) tuvieron a bien y por conveniente los feligreses de esta y sus cercanías construirle mayor edificio con las limosnas que recogían de los concurrentes y otros fieles devotos, para manifestarse de algún modo a los favores que recibían agradecidos, retribuyendo humildes gracias en misas, novenas y limosnas a la Suprema Bondad, difundido en ellos por la poderosa intercesión de la Madre de ésta y pía devoción a su bendita imagen, cuyo edificio construido a manera de una bien capaz iglesia de aldea, con su capilla de arista, paredes de sillería (éstas existen con muchas brechas) y espadaña con sus bocas de campanas, pudo subsistir muchos siglos por su buena situación, cimientos y materiales, que finalizados por su larga duración y acompañados con sus regulares inclemencias de vientos, lluvias, terremotos y otros influjos irregulares, se vio y llegó casi a la experiencia y evidente amenaza de su total ruina, reconocida en las muchas aberturas de la bóveda de aquella y sus laterales paredes; y por lo mismo, y continuar la devoción y pío afecto a la Madre de toda misericordia y adoración respectiva a su imagen (aunque no con igual fervor del principio), determinaron sus piadosos devotos con asenso y parecer uniforme reparar la sobredicha ruina en el año pasado de setenta y ocho de este presente siglo, con la construcción de una nueva y muy capaz capilla de bóveda en el mismo lugar y situación de la que iba a arruinarse. Y por parecerles que ésta pedía correspondencia en lo restante que restaba de hacerse, con plan aprobado por la Real Academia de Madrid, y reconocer que las reducidas limosnas que se recogían en estas feligresías y corta inmediación cada día iban a menos conforme a la disminución de la devoción, afecto pío y fe amortiguada, no podían alcanzar al intento de la sobredicha correspondencia, representaron la necesidad e imploraron auxilio del Consejo para el reparo y continuación de la obra, pero no como deseaban por adversos y maliciosos informes, pues no se extendió la de aquel Supremo más que para estas tres feligresías, como consta de la expedición de aquél en el año pasado de ochenta y cuatro, y por lo mismo suplicaron dichos feligreses y otras piadosas personas al cura rector consiguiese del actual Ilustrísimo y de su piadosa y conocida inclinación ampliase la licencia del Supremo a algunos arciprestazgos del valle de Lemos, la que se concedió para cuatro, a conformidad de la que antes de ahora habían concedido los Ilustrísimos Señores Izquierdo, Buruaga y Armañá para el mismo fin, y que se terminase y concluyese cuanto antes lo comenzado, en que actualmente se prosigue atemplandose a lo posible del alcance de limosnas en virtud de las sobredichas facultades. Y todo lo expresado es lo que de historia, parte inmemorial y de sola tradición, y parte de tiempos próximos pasados, y actualmente consta por lo perteneciente a la bendita imagen y sus diferentes edificios en diversos tiempos sana, sincera, verídica y nada afectada narración, la que en lo posible y siendo necesario se pueda probar.

Asimismo, consta de público y notorio que en febrero del año pasado de mil setecientos y noventa y tres, guardando ganado lanar en el referido Monte de Cadeiras Manuela Rodríguez, edad de once años, y Rosa Pérez, de veinte y tres, vecinas de esta de Pinol, halló la menor entre los tres referidos peñascos Ventana Madre una bola de oro muy fino, peso de dos libras gallegas, que con engaño y pretextando ser de la Virgen, quitó la mayor a la menor, y aprovechándose de ella vendiéndola a cierto mercader de Monforte con nada contribuyó a la Virgen ni a la obra de su capilla. El sitio de este hallazgo parece prueba que el fiel devoto que condujo al sitio y concavidad de los tres dichos peñascos (sería en la devastación sarracena) dejó allí escondida la pieza de oro con el fin de que siendo hallada, con su importe se hiciese alguna capilla u obra a la bendita y milagrosa imagen.

Milagros de la tradición:

Ésta, de innumerables que es regular acaeciesen en la antigüedad, respecto el mucho gentío que se dice concurría y sería conducida de la fama y noticia de ellos, solo conserva y refiere los siguientes:

1º- Que en una crecida avenida del río Sil, que gira al mediodía y falda del dicho monte, cierta mujer, andando recogiendo con un garfio, o gancho asido a un palo largo, la leña que conducía la corriente del caudaloso río en su orilla, alargó el garfio a una rama entre otras que llevaba la corriente, cuya violencia y fuerza venció la de la mujer echándola y atrayéndola a sí, la que viéndose en aquel funesto y último riesgo de su vida prorrumpió en estas voces: “Nuestra Señora de Cadeiras me valga”. Fue tan oída y socorrida de la Madre de afligidos que en vez de seguir la violencia del agua en su corriente natural, surcó y navegó contra la naturaleza y exigencia de aquella hacia arriba el trecho de más de dos tiros de escopeta, sirviéndole de débil barca o chalupa la extensión de sus pobres y remendadas faldas. La falta que experimenta de leña este país, especialmente la pobreza, continuó hasta el presente este temerario riesgo en semejantes avenidas, y mueve el asenso a la credibilidad de aquel.

2º- El segundo es que, hallándose la antigua iglesia hecha y su capilla de arista al medio de su construcción y sin esperanza de poderse concluir a falta de dinero, y no poder subsistir mientras la venerable imagen en su altar (no había otro) preservada de las temporales inclemencias, había al tiempo, y en el lugar de Sampil de esta feligresía, un hombre de bella conducta y religiosa cristiandad, de tan avanzada edad que ya, si no en brazos ajenos, no se levantaba de la mesa para subir a la cama que tenía junto a la lumbre, que era su continuo compañero, y su diversión y ejercicio la continua oración, meditación y recitación del Rosario, que con él en las manos estaba sentado, comía, dormía y amanecía, el cual, sabiendo la necesidad referida, con amargo sentimiento, lágrimas y pío afecto, pidió a la poderosísima Reina de los Ángeles el remedio oportuno a la mayor decencia y veneración de su bendita imagen, y a las siguientes noches en sueños tuvo la visión de la Soberana Reina en la figura de su misma imagen de Cadeiras, y le mandó dijese a dos personas de su satisfacción y confianza que fuesen con dos picos a una peña (nombrósela por su nombre) y en el plano superior de ella verían como un óvolo con su cerquillo muy argamasado y petrificado con distinto color, que picasen y lo levantasen, que debajo de él hallarían lo suficiente para la conclusión de la capilla. Hiciéronlo las dos personas como se lo había mandado el viejo y hallaron como unas cuatro banditas de oro, con cuyo importe se concluyó aquella. Esta tradición tiene a su favor la declaración de don Juan Díaz Pumar, presbítero, vecino de esta en el mismo lugar de Sampil, de edad de ochenta y cuatro años, que actualmente vive y diariamente celebra misa, por habérselo oído repetidas veces a su madre, que asertivamente juraba habérselo oído a su abuela y que esta, igualmente, afirmaba habérselo oído a la bisabuela, y así, ascendiendo a genitis ad genitores.

3º- Juan Fernández, vecino de esta feligresía y de la casa de la Barca, la más inmediata al río, declara y asegura haber oído a su padre Domingo Fernández a principios de este siglo, que su bisabuelo, Juan Fernández, hallándose en cama con muchos achaques por su mucha edad en un cuarto alto de dicha casa, hacia el río, sucedió en éste una extraordinaria creciente por diciembre del año de mil seiscientos cincuenta, poco más o menos, que llegando al piso alto de dicho cuarto le rogaron los hijos y familia doméstica procurase levantarse o dejarse sacar por ellos de la cama afuera de casa, de cuya trastes y muebles ya lo habían hecho, a que respondió que en los muchos años que contaba de edad jamás el río le había hecho escapar de casa y que esperaba sucediese lo mismo en esta ocasión con el auxilio y socorro de la Virgen das Cadeiras, a la que para este fin ofrecía una misa rezada, que mañana, día siguiente, harían la dijese el vicario actual del abad. Y desde el punto de su oferta, aunque el río prosiguió más de una hora en alto a dicho piso, no entró en él, ni por su puerta abierta o cerrada que estuviese, ni una lágrima, cuyo suceso acredita sin sombra de duda alguna la virtud del Todopoderoso comunicada a este devoto por la Madre de la misma Virtud, y manifestada en su bendita imagen de Cadeiras por la especial piedad, devoción, afecto y confianza cristiana en ella por sus devotos, por quienes siempre quiso, permitió e hizo fuese venerada en diversos tiempos y templos su inmaculada Madre, ya en este reino ya en otros, ya en este obispado ya en otros, como Madre y refugio de pecadores y dispensera de todos los divinos beneficios hechos a favor de los hombres.

4º- El mismo refiere que oyó decir a su padre Domingo Fernández, que en semejante creciente y estando llenas de vino las cubas en su bodega, y comenzando a coguearse unas con otras con cierto peligro de perderse, al instante ofreció un cañado de él a Nuestra Señora de las Cadeiras y apenas le ofreció inmediatamente se quedaron sosegadas, no obstante el seguir la fuerza del agua.

5º- Y también es tradición de pública voz y fama que a los principios de este siglo, siendo cura de éstas don Josef Fort y Recuerda, y su teniente don Manuel Pérez Losada, habiéndose experimentado una grande esterilidad de agua, tal que iban a perderse los frutos, suplicaron los feligreses permitiese y diese licencia a dicho su vicario para bajar la bendita imagen de su capilla a la parroquial y en ella tenerle novena con la solemnidad y asistencia debida, a fin de obtener por su intercesión el remedio de tan urgente necesidad, que habiéndose ejecutado en tiempo y día que no se descubría nube alguna en el cielo, advirtió no obstante dicho vicario a los concurrentes que iban para acompañarla al bajar llevasen ropas de cubrir si no querían volver a sus casas muy mojados. Despreciaron muchos de ellos la prevención, y habiéndosele cantado misa antes de salir (como es costumbre siempre que baja) se advirtió al salir de ella una muy pequeña nube al meridional y sobre la Cabeza de la Meda, que aumentándose prodigiosamente y en muy breves minutos principió a echar agua en tanta abundancia que antes de medio tránsito se vieron perdidos con ella y les fue preciso recogerse con la bendita imagen en la casa que hoy habita don Bernardo Losada, que está a la falda del monte al norte, en que permanecieron refugiados por más de tres horas, hasta que aliviándose llegaron a la parroquial donde se cantó la segunda misa, con asistencia y solemnidad debida (lo que se practica en todas las novenas y siempre que de la capilla baja a la iglesia). Siguió la lluvia por espacio de tres o cuatro días, con cuyo beneficio se sació de ella la tierra y fortaleció y conservó prodigiosamente sus vegetales. Este provechoso y deseado beneficio se extendió a todo el valle de Lemos, Caldelas y otras muchas partes.

6º- En igual esterilidad, y a pocos años que corrieron después del inmediato referido, pidieron la abundancia de agua por medio de la poderosa intercesión de la piadosa Reina de los Ángeles, y muchos de su circunferencia, solicitándola por igual medio y solemnidad de misas, novena, salves y rosario cantado, y faltando suficiente cera (arden todos los días de novena diez velas, dos cirios y dos lámparas) para los días y duración de la novena, fueron a pedir a las inmediaciones y a Caldelas para ella, y rehusando contribuir para este fin los de esta jurisdicción, no obstante principiose y se continuó la novena con cera bastante con las limosnas recaudadas en estas feligresías, y oídas las humildes súplicas de sus necesitados devotos se dignó la Divina Majestad, por intercesión de su Santísima Madre y especial devoción a su venerable imagen, socorrer con bastante agua la común necesidad, pero apartando este beneficio de los de Caldelas, haciendo como una pared las nubes en el medio del Sil que divide los obispados, sin echar gota en la referida de Caldelas, lo que bien reflexionado y advertido por los vecinos de aquella, instruidos de semejante prodigio, fue motivo de que para lo sucesivo ofreciesen contribuir cada uno con la limosna que pudiese para esta imagen y obra de su capilla, lo que actualmente practican sin reproche alguno.

7º- Esto es por lo tocante a señalados prodigios y milagros de tradición en la antigüedad, omitiendo advertidamente innumerables dignos de igual memoria y un sin cuento de curaciones de tercianas, cuartanas, brazos, piernas, pechos, golpes magullantes y caídas precipitadas, de los que han conseguido sanidad, remedio y socorro muchísimos que con afecto piadoso imploraron la misericordia de la piadosísima Reina de los Ángeles, por la particular devoción y tenue contribución de cualquiera limosna a su imagen de Cadeiras, y en esta atención se pasa a referir algunos prodigios, milagros, favores y beneficios (omitiendo un sinnúmero de ellos por obviar prolijidad) de los tiempos presentes y de que pueden testificar innumerables personas.

Milagros, prodigios y favores conseguidos de la Reina de los Cielos por la especial devoción y culto que dan a su bendita imagen de Cadeiras, que se venera en su santuario del mismo nombre, por sus fieles y piadosos devotos.

8º- Habrá cosa de setenta u ochenta años que habiéndose todo este país y el de Caldelas sumamente afligido de horribles truenos y granizos, determinaron poner y pusieron en novena y pública rogativa la bendita imagen, a cuyo tiempo experimentose que durante el novenario sucedió la fatalidad de un espantoso granizo en la ribera de Caldelas confinante con el Sil, que la divide de ésta, viendo aquellos naturales la piedra en fuerte abundancia hasta el medio de dicho río, sin pasar ni una del medio a esta parte, atribuyéndolo sin duda a la milagrosa Madre de Dios venerada en su imagen de Cadeiras, motivo entre otros por qué aquellos naturales quedaron y son sumamente devotos de esta soberana y bendita imagen.

9º- Siendo cura don Ventura González, testifican don Josef Rodríguez Algueira y don Josef Rodríguez Outeiro, presbíteros, que sucedió lo siguiente: tal era la crueldad y duración de poderosos truenos, relámpagos, rayos y granizos, que ni aun daban al cura y sacerdotes tiempo para comer con sosiego, viéndose precisados a estar de continuo con estolas al cuello, y viendo los feligreses que de seguro les amenazaba el cierto peligro de granizarles todos los frutos (confiados, como siempre, en la protección de la soberana Madre de Piedad, venerada en su bendita imagen de Cadeiras), determinaron juntos parte de ellos pedir al cura y sacerdotes se pusiese dicha imagen en novena y pública rogativa, bajándola de su capilla de Cadeiras a la parroquial. Asentieron éstos y apenas con repique de campanas (como se acostumbra) se dio señal a dicho novenario, y dicho Outeiro (siendo aun estudiante y afecto devoto) comenzó a pedir a los devotos para la suficiente cera, se experimentó el prodigioso efecto de cesar enteramente sobre estas feligresías truenos y nublados, o yéndose aquellos, y viéndose éstos como en todas las inmediaciones.

10º- Hace cosa de treinta y seis a cuarenta años, hallándose don Agustín de Lago, vecino que fue de Monforte, desahuciado de los médicos y próximo a agonizar, su hermana doña Bárbara, casada con don Josef Losada, de la misma vecindad, le ofreció a la Madre de Dios, y su santuario de Cadeiras con misa cantada, dos blandones de cera de a cinco libras y un vestido de seda a la bendita imagen. Apenas hizo la devota su oferta, cuando de improviso el enfermo se restableció y volvió a su antigua salud, y convalecido vinieron los tres a tributar las debidas gracias, subiendo a la capilla desde la parroquial descalzos de pie y pierna, en cuya estatura asistieron a la misa cantada de su oferta.

11º- El ya referido don Josef Rodríguez de Outeiro testifica que en el año de mil setecientos y ochenta, por el mes de septiembre, era tal la abundancia de tempestuosas lluvias que temerosos los naturales perder la cosecha de vino, Jacinto Rodríguez Blanco, juez que era a la sazón, con acuerdo de don Bartolomé Vázquez, cura de este beneficio, dio su auto de vendimia, y llegando el sobredicho Outeiro a la rectoral con ánimo de decir misa, dijo a los sobredichos juez, cura y otros asistentes era perder el vino, y las gentes expuestas a desgracias y enfermedades, que lo más seguro sería, de luego a luego, dar señal en las campanas y subir a Cadeiras a cantar una misa a Nuestra Señora, implorando su amparo. Consintieron, y aun no bien se oyó el repique de campanas (señal que tienen de tiempo inmemorial para cuando se hace novenario o canta misa), fue tal el repentino concurso de gentes de adentro y fuera de las feligresías, movidos de la segura confianza que tienen estos naturales en el amparo del Glorioso Prototipo de esta bendita imagen, que apenas cabía en la capilla no obstante su capacidad. Cantose en fin la misa con la posible solemnidad y asistencia, la que celebró dicho presbítero, y ¡prodigioso suceso!, al salir de la capilla reconocieron el cielo tan limpio y sereno que ni la primera nube se veía en él, volviendo las gentes a sus casas enjutas habiendo llegado sumamente mojadas, cuya serenidad prosiguió y duró hasta que los naturales recogieron todos los frutos de aquel año, en cuya acción de gracias dicho juez pidió a dicho cura permitiese se cantase con toda solemnidad otra misa, para cuya limosna, cera y fuegos se ofreció él mismo a pedir entre los devotos naturales. Dio el abad su permiso para cantarla, pero que la limosna que se juntase y sobrase de la cera necesaria, se habría de destinar a beneficio de la obra comenzada, en el supuesto de que ni él ni sacerdote alguno jamás se interesaron en derechos algunos (lo que actualmente se ejecuta en todo novenario, rogativas y misas sabatinas cantadas), lo que todo se ejecutó puntualmente, y actualmente se ejecuta en seguida de cualquiera beneficio recibido.

12º- En el año pasado de mil setecientos y ochenta, don Juan Rodríguez (hoy subdiácono), vecino de Lamas de Brosmos, hallándose enfermo de resulta de una constipación sangrole el cirujano, y al punto se sintió tullido de todas juntas y conjuntas de su cuerpo, sin mover miembro alguno sino los ojos y lengua, en cuyo deplorable estado permaneció dos meses, no obstante varios remedios médicos y apósitos, hasta que desesperado de todo buen efecto medicinal en lo natural recurrió al sobrenatural auxilio y socorro de la que est salus infirmorum y su bendita imagen de Cadeiras, ofreciéndole a su mayor honra y culto una pierna de cera y continuar por nueve días personalmente un novenario en su capilla, rezando con todo pío afecto y confianza cristiana el rosario y otras cristianas devociones delante de su imagen, y en el mismo día se levantó de la cama y al siguiente comenzó el cumplimiento del novenario, amarizado al asilo de un palo y llevando innumerables caídas. De agradecido trajo la pierna de cera y quedó siempre muy afecto a esta bendita imagen.

13º- Don Domingo Puga, del lugar de la Barca de esta expresada de Pinol, testifica de sí mismo (y consta a todo el vecindario) sufrió una gravísima y agudísima fiebre tal que le llegó a la recepción de todos los sacramentos, disposición testamentaria, recomendación de ánima y asistencia continua de sacerdote auxiliante, y tener ya vestido el hábito de Nuestro Padre San Francisco, y conociendo ya por cierto la salida de éste le aconsejaron su mujer, padre e hijos, ofreciese la limosna de un cañado de vino a Nuestra Señora de Cadeiras, que bien sabía podía darle salud y vida, y aunque solo pudo ir esta oferta en voces altas (por estar ya destituido) asintió en ella, manifestando su consentimiento con movimiento de su cabeza. Instantáneamente recobró el uso de los sentidos, asegurando no sentía ya en sí efecto de la enfermedad, y por lo mismo al tercer día se levantó sano. Cumplió fiel y superabundantemente su oferta y agradecido continúa con ella todos los años, retribuyendo a esta venerable imagen píos y humildes afectos.

14- Manuel Rodríguez, vecino de Lamas de Brosmos de esta expresada feligresía, demandante de limosna para Nuestra Señora de las Cadeiras en algunas feligresías de su inmediación, tiene como la cuarta parte de un jornal de viña en lo más alto de la ribera de esta referida feligresía, y conociendo el año pasado de noventa y cinco el largo y frío invierno de la primavera, temiendo no le quedaría en aquella racimo alguno (lo que se verificó en las confinantes y situadas en igual altura), y previniendo en grado mayor el acontecimiento (por ser un pobre celibato) se le ocurrió el gran poder de Nuestra Señora y las maravillas y milagros que cada día obraba en su imagen de las Cadeiras, a ésta le ofreció desde luego medio cañado de vino con condición expresa de que le guardase y preservase de la actual inclemencia, lo que de presente aparecía en dicha suerte. Consiguió de la Soberana Reina su petición cogiendo en la dicha suerte, con admiración suya y de otros muchos, catorce cestos de uva, que harán como diez cañados. La vista de la uva madura en dicha suerte pasmó a muchos, que aseguran no sabían por dónde se había de comenzar a cortar los racimos, por estar éstos entre sí tan unidos que confundían la pericia de vendimiar. Cumplió fiel su promesa y agradecido ofreció continuar de balde, como hasta aquí, el trabajo de demanda de limosna a mayor culto y honra de la venerable imagen dirigido a su prototipo.

15º- Fray Vicente González, religioso lego profeso en la de N.P.S. Benito, conventual en el Real de Monforte de San Vicente del Pino, de oficio escultor y maestro de obras, hizo el delineamiento de la obra de Cadeiras en el año pasado de mil setecientos y ochenta por su plan aprobado por la Real Academia de Madrid, y en la venida de aquel a ésta, a instancias y súplica de éstos y otros feligreses, y regreso, tomó unas terribles tercianas que acometiéndole muy fuertemente en su primera accesión de modo que le parecía no podría resistirlas iguales, ni aun seis veces, con humilde afecto y firme esperanza en la que es médica y curadora de todas enfermedades le dijo humilde: “Señora Madre poderosísima, llena de gracia y misericordia, bien sabéis que por serviros afectuoso en la obra de vuestra imagen de los Ángeles de Cadeiras cogí estas terribles tercianas. Sacádmelas Señora como podáis, si conviene, que desde luego os ofrezco serviros en aquella de balde con licencia de mi prelado en cuanto pueda y sea propio de mi oficio, caridad y piedad”. Fue otorgada su humilde súplica por la agradecidísima Señora de los cielos y tierra con tanto efecto que no repitió la segunda accesión ni jamás en lo sucesivo tuvo amago de ellas, sin embargo de concurrir muchas veces de pie y por excesivos calores a la dirección de la obra en fiel cumplimiento de su oferta. Así prosigue agradecido a este especial beneficio, añadiendo atento alguna limosna, como la de un bastón y andas que sirven de peana.

16º- Este mismo religioso padecía ha veinte años la enfermedad de vahídos y vértigos de cabeza tan continuos y fuertes que las más de las veces le hacían titubear y privaban el acertado uso en su oficio y discreto razonamiento. Pidió muy confiadamente y con mucha fe el remedio de tan prolongada enfermedad a Nuestra Señora de los Ángeles de Cadeiras, que otorgado por su poderosísimo Prototipo, agradecido a este tan especial y singular favor, renovó y ratificó las antecedentes promesas y verificó su cumplimiento en la prosecución de las diligencias más repetidas y celosas.

17º- El mismo religioso asegura, y siendo necesario jura, que cierto religioso de su religión, a impulso y celo del aumento del Monasterio, sugerido tal vez del espíritu de ambición, envidia y adulación, hizo cuanto pudo con su actual prelado le quitase la licencia que le había dado para la liberal y desinteresada atención en la obra de Cadeiras, y la de otras iglesias y obras de este país y fuera de él, con el justo y estipulado estipendio, y no habiendo alcanzado del superior su deseo por palabras expresas, revocativas de aquella, lo consiguió en fin por hechos que implícita pero efectivamente privasen a aquel de hacer gracia alguna en obra en que entendiese por acepta que fuese, procurando para esto, y de que no fuese llamado para alguna extra monasterium, minorarle inicuamente el merecido crédito en el acertado uso y pericia de su arte, conveniéndose con el abad para el intento llamar otro maestro para las obras que ocurriesen de casa, y siendo la primera la de una escalera de madera salió ésta errada, y experimentada la pérdida de cien ducados en su error, que reconocido por dicho superior procuró su enmienda por dicho fray Vicente, éste reverendo superior por su veleidad e injusto asenso de adulación pagó su merecido y aquel mal contento denigrante fue acusado de ciertos delitos muy impropios a cristiana religión e indecorosos a la comunidad, y por ellos castigado con la pena emigratoria y solitiva en otra parte del castigo, que ignoro. El nominado fray Vicente, conocidos los inicuos medios de que inferior y superior se habían valido para tan injusto fin, pidió con mucha eficacia y cristiano celo a Nuestra Señora de las Cadeiras algún temporal castigo, merecido por tan perversas acciones, y viéndolo verificado da infinitas, humildes y debidas gracias a la celestial Reina y le suplica que, abiertos los ojos de aquellos, les sirva (y a otros) de escarmiento, y este lo tiene y acredita en su reputación por especial milagro que con los dos superiores testificará en debida forma, siendo necesario. Y muy conforme con las oposiciones y contradicciones que en semejantes y piadosas empresas (que solo tienen por objeto el mayor culto y honra de Dios y de su bendita Madre) sugiere el espíritu infernal, ut videri est in pluribus.

18º- Don Bartolomé Vázquez de Vigo, cura que fue de éste en el año de mil setecientos y setenta, le cometió un flato nefrítico con tanta violencia que por nueve días no le permitió orinar poco ni mucho, sin que para este fin valiese ni socorriese de algún modo al enfermo el arte médica y quirúrgica de dos médicos y otros dos cirujanos que en dichos días le asistieron a la continua, apurando todos sus discursos y talentos en la práctica de medicamentos, los que conociendo el ningún efecto de estos se fueron desesperados de la vida del paciente, a quien advirtieron se sacramentase y dispusiese lo espiritual y temporal cuanto antes, pues no podía vivir en lo natural el término de veinte y cuatro horas. Puso en ejecución todo lo prevenido, y don Josef Rodríguez, presbítero confesor, le aconsejó se valiese de la poderosísima Reina de los Ángeles en que pusiese la confianza de sanidad conveniente, implorándola con viva fe y por el medio de una misa cantada a su bendita y venerable imagen de Cadeiras. Cantola al siguiente día el expresado presbítero y al entonar el Gloria in excelsis Deo se dispuso como pudo el enfermo. Ayudado de asistentes, comenzó a orinar, y sin intermisión alguna llenó tres orinales de vidrio, que cabían más de diez cuartillos. Al instante se sintió sano, con admiración de todos. Vivió después de este acontecimiento veinte y cuatro años sin repetición de semejante insulto, y en este tiempo, muy agradecido a su bienhechora y bella imagen de Cadeiras, contribuyendo con secretas limosnas para su actual obra, y al último le señaló la limosna de setecientos reales.

19º- Don Pedro Vila, actual vicario en la de Santiorxo, aneja a la de Pinol, testifica que habiendo ido de esta a su casa de Pino, en el mes de enero o febrero del año pasado de noventa y cinco, en ella halló la funesta noticia de estar a la muerte y asistida de médico y cirujano, procedido de una fuerte y universal erisipela que le tenía cogido el cerebro, garganta, pecho y todos los más miembros del cuerpo, Francisca Vila, sobrina del sobredicho, que se halla casada con Francisco Guerra en el lugar y feligresía de San Salvador de Ferreiros. Fue dicho su tío a verla, hallola tan a los últimos de su vida que ni podía hablar, ni tomar y pasar alimento. Llegó por último a estado de desamparada. Médico y cirujano, previniendo al marido la administrasen de los santos sacramentos, confesose como pudo y recibió viático y extremaunción, administrándoselos dicho su tío en un día de jueves, quien por llamarle la precisión de retirarse a la de Pinol, lo hizo lloroso por ver el último peligro de vida en que dejaba la sobrina; pero sabedor de las muchas maravillas y prodigios que la Divina Magestad tiene obrado y obra por la intercesión de su Santísima Madre, venerada en su bendita imagen de Cadeiras, aconsejó a la paciente y familiares de casa se encomendasen muy de veras y con viva fe a la Madre de la Salud, y se ofreciese a su santuario con piadoso afecto y retribución de gracias, y que estuviese cierta del logro de su petición, ofreciendo para esto dicho don Pedro, que el sábado próximo a la hora de entre nueve y diez se le estaría cantando una misa delante la bendita imagen, y ¡singular maravilla! a la misma hora de diez del mismo día sábado en que el mismo tío estaba cantando la misa, aseguran el marido, padres y abuelos de este, que permaneciendo hasta aquella misma hora en la conformidad de antes con continua asistencia de sacerdote auxiliante y hábito a la cabecera, de improviso y repentinamente (cuando por instantes esperaban su muerte) se halló restablecida el habla y conocimiento, sin casi dolor que la mortificase, y prorrumpiendo en dar gracias a Nuestra Señora de Cadeiras. Y en efecto de convalecida que hubo vino acompañada de su marido a rendir humilde las debidas gracias a su bienhechora y hacer se le cantase por ello otra misa en su capilla, y dando para la obra lo que le dictó su devoción.

20º- Sinforiano Rodríguez, vecino de San Jorge de Sacos en el Arzobispado de Santiago, cantero de oficio, trabajó de tal en la capilla mayor de Cadeiras el año de mil setecientos y setenta y ocho, y en el de noventa y dos en la iglesia de los Padre Dominicos del Priorato de Pantón, en Ferreira, y estando cierto día tomando, cima de la obra, la piedra que subía en una maroma y rueda llamada «bruma», impelida de sarillo por tres compañeros, le cogió aquella casualmente por medio de un brazo al tiempo de subir una muy crecida, le dislocó y colgó en el aire, y al punto que se vio así, y conociendo que aunque el brazo fuese de tres dobles más grueso y de hierro se le troncharía (así lo aseguran los del oficio), pronunció esta palabras: “Nuestra Señora de Cadeiras me valga”. A estas voces se paró la bruma sin que la pudiese mover la fuerza de los que abajo arreaban el sarillo, aunque lo intentaron como solían con otras piedras, hasta que conociéndose insuficientes para el arreo repararon arriba y observaron a su compañero pendiente, pero sin lesión alguna en el brazo ni cuerpo. Subieron arriba admirados, sacaron a su compañero del funesto estado en que le juzgaban, y éste, agradecido a tan singular y prodigioso favor recibido por la intercesión de la piadosísima Reina de los Ángeles venerada en la imagen de Cadeiras, hizo voto de dar cada año dos días de trabajo de gracia en la obra de su santuario mientras viviese y no se hallase trabajando a distancia más de tres leguas de ella, y mientras ésta anduviese. Así lo cumplió hasta el presente.

21º- Inocencio García, vecino de Santa María de Sacos, del sobredicho Arzobispado de Santiago, hallándose encintando en la obra de Cadeiras la hilada de subcornisa el año pasado de mil setecientos noventa y cinco, de bruces con más de la mitad del cuerpo pendiente hacia abajo sobre dicha cornisa, le insultó de improviso un accidente alfarético, y cuando en lo natural le haría caer abajo, un impulso sobrenatural y milagroso le asió y puso boca arriba tendido sobre el plano y meciro de la obra a presencia de dos compañeros que se hallaban junto a él, sin que le pudiesen socorrer en tal lance por haber sucedido todo en un instante. Bajáronle a brazos sin sentido alguno y así lo condujeron a la posada en que subsistió en calma del mismo modo por espacio de dos horas, al cabo de las cuales recobró el uso de los sentidos, y preguntado por los compañeros cómo se había caído abajo en aquel lance, supuesta la postura en que se hallaba, respondió había advertido una invisible e impulsiva fuerza que le había subido arriba y puesto en la forma que ellos habían visto, y juraba por una cruz había sido singular milagro de la Virgen venerada en su bella imagen de Cadeiras, a cuya obra dio de agradecimiento ocho días de trabajo en su oficio, sin cobrar por ella salario alguno.

22º- En el año pasado de noventa y cinco, y en el presente de noventa y seis, hubo en esta jurisdicción de Amandi tres sorteos, los dos para tropa viva y el último para las milicias urbanas. En cada uno de ellos se previnieron los mozos de estas tres feligresías (eran diez y siete encantarables y de suerte) con misa cantada a la imagen de Nuestra Señora de Cadeiras, suplicando humildes y confiadamente a su Divino Prototipo no permitiese (si así convenía) tocase a alguno de ellos la suerte que todos temían, y en los sorteos solo cuadró la suerte para la milicia a uno que dijo no sentiría nada le tocase ésta antes que la de aquella, sucediendo a los mozos de otras feligresías que improperaban, vejaban y zumbaban a los de éstas con la devoción y confianza de Nuestra Señora de Cadeiras, diciendo que no les valdría y que ahora conocerían su sandez y temeraria confianza, que de algunas de aquellas entraron a siete y salieron a cinco de cada una, como a todos los interesados y concurrentes fue notorio, y atribuido a milagro de la poderosísima Señora, que es venerada en su hermosa imagen de Cadeiras.

23º- El licenciado don Juan González Pereira, cura que fue de la feligresía de Sacar de Boys, jurisdicción de Caldelas en el de Orense, por los años de ochenta y ochenta y dos, quiso en tiempo de la mostada del vino quitar la caja petitoria de Cadeiras al demandante, amenazándole con cárcel, exhortando y conminando a sus feligreses no diesen limosna alguna para la obra, respecto parecía vano entusiasmo y era bastante una reducida capilla. A breves días pagó su insolencia, hallándose, sin advertir motivo, tullido, que apenas en muletas podía moverse, por espacio de un año, aplicando en este tiempo varios e innumerables remedios médicos, hasta que al llegar la siguiente mostada, y entrando a cuentas consigo, conoció lo injusto de haber encargado a sus feligreses no contribuyesen con limosna para la expresada obra, previniéndoles de nuevo al ofertorio de la misa no dejasen de contribuir con la que les dictase su piedad, celo y posibles, instruyéndoles que la Soberana Reina les daba mucho y se contentaba con poco, y les prometería por lo poco grande retribución de lo temporal y eterno. A los ocho días que llegó porfiado el mismo demandante, le condujo a su casa con mucho cariño, lo atendió bizarro, y le dio un cañado de vino de limosna, asegurándole que ya se hallaba milagrosamente sano y ágil desde el conocimiento de su pecado. Ofreció agradecido continuar en lo sucesivo con la misma limosna, lo que finalmente ejecutó hasta que fue movido a otro, y de este suceso se divulgó la fama por sus feligreses entre quienes hay su memoria.

24º- En el año de mil setecientos noventa quiso Dios castigar a este pueblo con una plaga tan grande de langosta que cubría toda su campiña, talándola de tal suerte que no esperaban los naturales les quedase cosa alguna en sus sembrados. Acudieron inmediatamente al patrocinio y misericordia de la poderosa Reina de los Cielos, que quita a Dios sus justos enojos contra los pecados de sus hijos, moviéndola por una novena hecha a su bendita imagen de Cadeiras, cuya imagen, concluida la novena, sacaron en solemne procesión por los principales agros de su comprehensión cantándole su rosario y letanías. En el mismo día se observó que, levantándose de improviso la multitud de la plaga, se levantó ésta a lo inculto y montes del término, y aunque en éstos se detuvo por espacio de dos días, al cabo murió toda, sobreviniendo una crecida lluvia de truenos, que con su avenida condujo a toda aquella mortandad al río, quedando en aquellos por algunos días un pestilencial hedor.

25º- Pocos años ha, que deseando cierto cura de este obispado ser promovido, conociéndose para este fin desnudo de todo favor, ayuda y recomendación humana, y advirtiendo de que ya la gracia de aquél se había hecho a otro a instancia de muy poderoso empeño, recurrió no obstante con toda confianza al favor de la que sabe y puede mover corazones humanos, suplicándola humildemente así lo ejecutase (si convenía) a su favor, prometiéndola, cumplido que fuese su deseo, ayudar en lo posible la prosecución de la obra de su capilla de Cadeiras. En la misma noche, et in somnis, asegura con juramento habérsele aparecido visionalmente la Reina del Empíreo bajo la efigie de su bendita imagen, la misma que por tal reconoció al entrar la primera vez en su iglesia, y dijo: “vere hic est que mihi in somnis aparvit osculatusque ejus sericam pallam et ad ejus pedes humilis provolutus debitas grates ei persolvit, fidelisque promisit ope impendit”.

Ilustrísimo Señor:

Omitidos otros innumerables milagros, prodigios y maravillas obrados por la Reina de los Ángeles, venerada en su sagrada imagen de Cadeiras, paréceme los sobredichos suficientes para mover la piadosa y cristiana intención de V.S.I. a la subsistencia y protección de su sagrado culto y obra de su capilla. Así, humildemente lo espera de su V.S.I. el más indigno sacristán, que reverente besa los pies de Su Señoría Ilustrísima. Firma: El Sacristán de Cadeiras, Juan Manuel Moure y Guerra.

Segundo informe del párroco de Pinol a petición del Obispo de Lugo:

Ilustrísimo Señor:

Esta capilla está bien ornatada, porque tiene tres cálices y su cruz buena de plata, buenos con todos sus adherentes. Tuvo su principio inmemorial con la piedad de los fieles y con esta se concluirá y subsistirá su edificio como otros santuarios. La espiritual utilidad de estos es innegable, porque es constante que a ellos concurren muchas almas gravadas con enormes pecados a fin de exonerar sus conciencias, reiterando confesiones nulas hechas con sus párrocos y confesores conocidos, respecto de que el sagacísimo y común enemigo les destituye en la confesión con éstos lo que les quitó en la comisión de aquellas, que es la vergüenza. Esto lo evidencia la experiencia en las misiones y entradas de curas y confesores nuevos, mientras se persuaden los penitentes ilusos desconocidos, y por esta atención se dignan muchísimos y muy discretos ilustrísimos ser patronos de unos y protectores de otros.

En esta capilla hay solamente una función anual de concurso de gentes en la Natividad de Nuestra Señora, con misa de asistencia, sermón, y a la tarde procesión con la imagen alrededor de ella. Al ponerse el sol hay general respeto de la situación, sin que jamás hubiese en ella disturbio, tumulto, ni visos de alguna mala e indecente acción humana (estas, Ilustrísimo Señor, en oculto se cometen, y en las casas, que con sus paredes, puertas y ventanas cerradas son más oscuras al mediodía que el campo público a la noche), según de esto procuré informarme, y de tiempo muy anterior.

En el sábado de carnestolendas no hay misa ni concurso alguno de gente en esta capilla, por estar cerrada todo el día; hácese no obstante éste en el campo inmediato a la parroquial. En él se surten los pobres de sal, suelas, centeno y menudencias de tiendas comunes a todos los concurrentes; impedire autem hoc non ad me, sed ad alium aton et mi, Dignitate Ilustrisime. A este concurso, ni a otro por público y común que sea, jamás concurrí, ni con persona, ni con aprobación, ni con gusto, ni con aceptación o afectación alguna.

En el día de Natividad y su octava se dicen algunas misas cantadas y rezadas de fundación ha más de cien años, y en los sábados de entre año, una siempre cantada, pro benefactoribus, pero sin concurrencia de gente alguna, y cuando más, seis o siete feligreses por oír misa. Todos los años por costumbre hay novena en la parroquial con la imagen con la posible solemnidad, a fin de la conservación de frutos y precaución de tiempo que a ella amenace y se oponga, por ser de experiencia cierto haberse siempre conseguido felices sucesos en general y particular necesidad.

Repítome Ilustrísimo Señor, humilde y postrado a sus pies, que reverente besa este indigno capellán de V.S.I. En tres años que resido, en este hay invertidos veinte y dos mil reales (el año pasado se recogieron de limosna seis mil), según consta del libro de cuentas uno y otro por orden y mandato de V.S.I. Firma: Juan Manuel Moure y Guerra

Advertencia:

Hay tres misales en ella dados de limosna, hace ciento y treinta y cuatro años por el licenciado don Antonio Álvarez del Valle, abad que fue de Castroncelos, en el mil seiscientos y sesenta y dos, con expresa condición sirvan en dicha capilla, y que por ningún acontecimiento se abstraigan de ella, y caso que acontezca, se vuelvan a la iglesia de La Puebla de Brollón. Así consta en dichos misales.

Tengo por ahora, Ilustrísimo Señor, cumplido con el informe instructivo que Su Señoría Ilustrísima me manda, añadiendo estas advertencias al que ya tengo remitido, y solo me resta suplicar humildemente, como encarecidamente lo hago, que atendida la antigüedad, la piadosa devoción, los favores, gracias, beneficios recibidos, maravillas, prodigios y milagros obrados en lo antiguo, moderno y actual tiempo, no permita V.S.I. estatuto alguno contra su subsistencia, obra, cultos y veneración debida a la Reina de Cielos y Tierra por medio de su sagrada imagen de Cadeiras, porque todos aborrecemos lo gravoso, odioso y, como católicos cristianos, lo irreligioso. Firma: Juan Manuel Moure y Guerra.

1796-08-08 Decreto del secretario del obispo de Lugo:

Palacio de Diomonde, 8 de agosto de 1796

Pase a nuestro Provisor para que con anuencia del fiscal determine lo conveniente. Lo

decretó y rubricó el Secretario General. Ante mí: Álvarez

1796-08-11 Decreto del señor provisor de Lugo:

Lugo, agosto 11 de 1796

Pase este expediente al fiscal. Lo decretó el Señor Provisor. Ante mí: Prada